Se encabronan por las becas, pero no por las bolsas
Las becas en Michoacán y los bolsos de Inés Gómez Mont exhiben una doble vara: sospechar del apoyo y admirar el lujo.
Al estudiante le preguntan para qué quiere una beca. A la celebridad, de qué marca es la bolsa. Hay una diferencia entre fiscalizar el dinero y fiscalizar al pobre: lo segundo permite sentirse auditor sin incomodar demasiado a los de arriba.
Este 4 de noviembre, en la mañanera de la PresidentA Claudia Sheinbaum, el gobierno informó que más de 795 mil estudiantes reciben becas en Michoacán, con una inversión de 5,700 millones de pesos. Son recursos que deben evaluarse por su cobertura, transparencia y resultados educativos. Como cualquier gasto público.
Pero el debate suele atascarse antes: en si apoyar a un joven equivale a mantener a un flojo. Curiosa exigencia de productividad para alguien cuya ocupación debería ser estudiar.
El mérito viene con herrajes
Mientras tanto, la detención de Inés Gómez Mont reactivó las publicaciones sobre sus bolsos Hermès. Fotografías, modelos exclusivos y precios millonarios volvieron a circular como catálogo de una vida exhibida en redes.
El Gráfico recuperó imágenes de piezas identificadas como Birkin y Kelly. Las estimaciones requieren cuidado: no hay un avalúo público de la colección y el precio de una versión excepcional no demuestra cuánto valía la suya.
Tener una bolsa carísima no constituye un delito. Tampoco constituye un certificado de mérito.
El expediente pesa más
La FGR informó que Gómez Mont enfrenta tres órdenes de aprehensión en México. Según sus investigaciones, habría recibido recursos de procedencia ilícita mediante un esquema de desvío y triangulación relacionado con contratos por aproximadamente 2,450 millones de pesos.
Su detención en Florida fue migratoria. Las acusaciones mexicanas deberán resolverse en tribunales; ella y su esposo, Víctor Manuel Álvarez Puga, las han rechazado. Tampoco está acreditado aquí que una bolsa específica se comprara con dinero desviado.
La pregunta política permanece: ¿por qué el lujo recibe tan fácilmente el beneficio de la admiración, mientras una beca debe defender hasta su existencia?
La indignación también presume marca
El caso Gómez Mont sí ha provocado críticas. El título apunta al discurso que llama dependencia al apoyo educativo y éxito a cualquier fortuna, antes de preguntar cómo se obtuvo.
Exigir cuentas sobre las becas es necesario. Descalificar a sus beneficiarios por recibirlas es clasismo con calculadora.
Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.
Una beca no garantiza que un joven termine sus estudios; hay que medir sus resultados. Pero el bolso tampoco demuestra que alguien trabajó mucho. Si vamos a cuidar el dinero público, revisemos padrones, contratos y cuentas. La lupa sirve bastante más ahí que buscando defectos en el estudiante que necesita para el pasaje.
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