Guillermo del Toro rompe en llanto: ¿de verdad les dejamos un mundo en ruinas?
¿Tan mal está el mundo que heredamos a los jóvenes o estamos cayendo en una narrativa mediática de desesperanza que también les conviene a las oligarquías?
Guillermo, te admiro, pero discrepo
Admiro y respeto mucho a Guillermo del Toro. Su sensibilidad nos ha regalado películas capaces de encontrar humanidad hasta en los monstruos. Por eso conmueve verlo llorar en Morelia y afirmar que entregamos a los jóvenes “un mundo en ruinas, moral, social, espiritualmente desintegrado”. Su preocupación merece escucharse; su balance generacional también puede discutirse.
¿Fallamos tanto?
Una valoración moral no se resuelve con estadísticas, pero tampoco debería prescindir de ellas cuando juzga toda una herencia. Entregamos problemas graves, sí, y también conocimientos, derechos y capacidades extraordinarias.
Mi desacuerdo está ahí: reducir la estafeta a escombros deja fuera conquistas que hoy permiten vivir a millones de personas. Las lágrimas expresan un dolor auténtico; para evaluar lo que dejamos hace falta también levantar el inventario.
La herencia también incluye progreso
Vivimos más y menos niños mueren: la esperanza de vida aumentó más de ocho años desde 1995 y la mortalidad infantil antes de los cinco años cayó un 60 % desde 1990. Las vacunas salvaron unos 154 millones de vidas en medio siglo. Y hoy más del 86 % de los adultos sabe leer y escribir. Detrás de esas cifras hay familias enteras, no solamente estadísticas.. Estos logros no llegaron solos: hubo ciencia, inversión pública y luchas colectivas. También eso forma parte de la estafeta.
De Cronos a Frankenstein
Si hablamos de las últimas dos o tres generaciones, levantemos ese inventario. Los jóvenes reciben inteligencia artificial que puede ayudarles a estudiar, traducir y crear; internet para consultar conocimientos antes encerrados en bibliotecas lejanas, y tecnologías solares cuyo costo de generación cayó un 90 % entre 2010 y 2024.
También Guillermo conoce esa ampliación de posibilidades: entre sacar adelante Cronos y realizar su Frankenstein hay décadas de trabajo, nuevas herramientas y una capacidad de producción extraordinaria. Nada de esto garantiza una sociedad más justa ni resuelve su preocupación moral. Pero sí cuestiona que la estafeta esté hecha solamente de ruinas: también entregamos medios para construir lo que nosotros dejamos pendiente.
También sería un error mirar el calentamiento global como una sentencia definitiva. Como especie, sobrevivimos y nos adaptamos a los grandes deshielos de la prehistoria; eso no reduce nuestra responsabilidad por el calentamiento actual, pero sí permite pensar que todavía podemos encontrar soluciones.
Tengo esperanza en nuestra capacidad de aferrarnos a la vida; somos más tercos y resistentes que las cucarachas.
¿A quién le conviene una generación sin esperanza?
Mi sospecha política es que la desesperanza puede resultar cómoda para quienes concentran poder y riqueza: una ciudadanía que se cree impotente exige menos. Debemos cuestionar el relato de la derrota total. Podemos haber quedado a deber muchísimo y, aun así, entregar herramientas extraordinarias.
Comparto la preocupación de Guillermo; discrepo con su balance. La herencia contiene deudas enormes y conquistas que salvan vidas.
Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.
Estamos jodidos, pero no tanto.
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