Sin Cristo no hay cristianos. Sin España no hay México… y sin Grupo Salinas no hay micrófono
Nacho Cano no llegó solo a México: detrás de su cruzada por reivindicar a Hernán Cortés aparece una poderosa maquinaria empresarial, mediática y política dispuesta a convertir la conquista en espectáculo premium.
“Sin Cristo no estaría el cristianismo, sin Cortés no tendríamos México.”
La frase de Nacho Cano no fue un exabrupto improvisado. Fue una declaración ideológica perfectamente alineada con una narrativa que desde hace tiempo intenta vender la conquista española como un acto fundacional digno de agradecimiento y no de debate histórico.
Lo interesante no es solamente que Cano lo diga. Lo verdaderamente revelador es preguntarse quién le pone el escenario, quién le financia la gira, quién le presta las cámaras y quién convierte ese discurso en evento cultural de alta gama.
Y ahí aparece Grupo Salinas.
El conquistador patrocinado
Durante meses, TV Azteca presentó el proyecto de Cano como si se tratara simplemente de una celebración artística del mestizaje. Cultura, teatro, música, identidad compartida. Todo muy elegante, muy internacional y muy rentable.
Pero conforme uno empieza a seguir el dinero y las relaciones, el panorama cambia.
María Laura Medina de Salinas aparece acreditada como productora ejecutiva o coproductora. Banco Azteca figura como aliado comercial. TV Azteca apoyó el casting nacional. PRODU reportó incluso que Grupo Salinas “compró la obra en Madrid y decidió traerla”.
De pronto, el discurso sobre Hernán Cortés deja de parecer una opinión aislada de un artista español nostálgico. Empieza a verse como una narrativa cuidadosamente amplificada por una de las estructuras mediáticas más poderosas del país.
El yate, la hispanidad y los ricos sin complejos
El asunto se vuelve todavía más transparente cuando Cano aparece como invitado especial de Ricardo Salinas Pliego en Sevilla, arriba del megayate Lady Moura, rodeado de empresarios, élites y figuras de la derecha española.
Ahí, Cano no habló como músico. Habló como ideólogo.
Pidió que “los ricos españoles dejen de estar acomplejados” y elogió a Salinas por “devolverles lo que son”. Traducido del lenguaje de gala al español cotidiano: orgullo hispano, reivindicación colonial y élites económicas celebrándose entre sí mientras venden el mestizaje como producto cultural exportable.
No es casualidad que el entorno político de Isabel Díaz Ayuso también termine orbitando alrededor del mismo espectáculo.
Los mexicanos útiles para contar la historia
Mientras Cano defendía públicamente a Cortés y hablaba de “mestizaje” y reconciliación histórica, en España enfrentaba investigaciones por presuntas irregularidades laborales relacionadas con jóvenes mexicanos incorporados a su producción.
“Me han detenido porque apoyo a Ayuso.” Así resumió el propio Nacho Cano el escándalo. El caso terminó archivado judicialmente, sí, pero la ironía quedó intacta: mientras desde el escenario se romantizaba la conquista y se repetía que España “dio origen” a México, detrás del telón aparecían otra vez mexicanos colocados en una relación desigual, precarizada y subordinada. Cinco siglos después, algunos todavía parecen convencidos de que México nació para poner la mano de obra mientras otros se quedan con el relato, el negocio y los aplausos.
Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.
Tal vez el verdadero problema no es que Nacho Cano crea que México le debe la existencia a Hernán Cortés. El verdadero problema es descubrir cuántos empresarios mexicanos están dispuestos a pagar producción ejecutiva, difusión nacional y alfombra roja para que alguien venga a explicarnos por qué deberíamos agradecer la conquista.
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