De la ONU a la mañanera: cómo se fabrica una narrativa
Cuando las mismas palabras se repiten, no es coincidencia: es encuadre
No fue una pregunta cualquiera. Fue una etiqueta. Y en política, las etiquetas pesan más que los datos.
En la mañanera, una reportera no preguntó por desapariciones. Preguntó por “crímenes de lesa humanidad”.
Ese detalle lo cambia todo.
Porque no es un término neutro. Es una categoría jurídica internacional que coloca a un país en un nivel de acusación mayor. No describe un problema: redefine el escenario.
Y ese encuadre no surge solo.
Viene acompañado de un informe del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU que el gobierno y la CNDH han rechazado por una razón central: usa datos del pasado para construir un diagnóstico del presente.
Pero el punto no es solo metodológico. Es narrativo.
Porque, en paralelo, investigaciones como la publicada por The Guardian documentan algo más concreto: una directriz impulsada por Marco Rubio para que embajadas de Estados Unidos incrementen presupuesto destinado a influencers y creadores de contenido, con el objetivo de promover su visión del mundo y posicionar narrativas favorables.
Eso no es percepción. Es política.
Y en ese contexto, la repetición de ciertas palabras deja de ser casual.
“Desaparición forzada”.
“Lesa humanidad”.
“Crisis estructural”.
No son solo conceptos. Son marcos.
La CNDH es clara: la desaparición forzada fue política de Estado en el pasado, no en la actualidad. Y acusa al Comité de construir un diagnóstico con información incompleta y una lógica contradictoria.
El gobierno, por su parte, no matiza: rechaza el informe y el encuadre completo. Porque aceptar ese lenguaje implica aceptar una narrativa que luego se amplifica, se replica y termina instalada como verdad.
Y ahí entra la pregunta.
No como origen, sino como síntoma.
Porque cuando una categoría aparece en informes, después en medios y luego en la mañanera, lo que vemos no es coincidencia: es circulación.
Pero la escena no se quedó en la pregunta. Mientras la presidenta respondía, desde el fondo del salón se escuchó un grito fuera de micrófono: “es un gobierno rebasado”. No es un detalle menor. Es la misma lógica: insertar una idea, aunque sea al margen, para que forme parte del ambiente, del eco, de la percepción.
Una narrativa en movimiento.
Y en política, lo que circula… se queda.
Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.
Cuando una mentira se repite con acento internacional, deja de parecer mentira y empieza a disfrazarse de verdad.
No es un error. No es confusión. Es insistencia.
Y cuando esa insistencia se sostiene durante semanas, con los mismos términos, los mismos actores y el mismo encuadre, ya no estamos frente a información: estamos frente a una campaña.
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