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Este 8M también calza botas militares

Ilustración editorial de botas militares de mujeres en formación mientras una presidenta se dirige a ellas durante el Día Internacional de la Mujer en México.

Este 8M también calza botas militares

Durante décadas la historia militar de México se contó en masculino. Pero hoy hay mujeres pilotando, marchando y defendiendo la patria… y también comandando la nación.

Primero se ven las botas.

Botas militares bien lustradas, perfectamente alineadas, pulcras, firmes, idénticas entre sí.
Botas que marchan, que entrenan, que defienden.

Pero hay un detalle que durante décadas casi nadie quiso mirar: muchas de esas botas las calzan mujeres.

Mujeres que hoy aparecen en una escena que durante mucho tiempo parecía ajena al relato oficial del país. Mujeres que siempre estuvieron ahí, aunque la historia prefiriera dejarlas fuera del encuadre.

Cuando la historia se escribió en masculino

Durante mucho tiempo, la historia nacional se contó como si México hubiera sido construido exclusivamente por hombres.

Generales.
Caudillos.
Presidentes.

Un desfile interminable de nombres masculinos ocupando los capítulos centrales del relato.

Pero esta vez hay otro detalle imposible de ignorar.

Detrás del micrófono que les habla a esas botas militares de mujer, también hay una mujer.

La comandanta suprema de las Fuerzas Armadas de México es hoy una presidenta: Claudia Sheinbaum.

Y ese pequeño cambio altera toda la escena.

Pero la historia real siempre fue más compleja.

Mientras los libros hablaban de héroes, muchas mujeres conspiraban, organizaban redes, financiaban movimientos o sostenían comunidades enteras en medio de guerras y revoluciones.

Ahí estuvieron Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Gertrudis Bocanegra y Hermila Galindo.

Mujeres que conspiraron por la independencia, financiaron ejércitos insurgentes o defendieron ideas revolucionarias cuando ni siquiera tenían derecho a votar.

Durante su mensaje por el Día Internacional de la Mujer, la presidenta Claudia Sheinbaum quiso recordar precisamente eso: que México no fue construido solo por hombres.

Fue tejido por mujeres.

Las mujeres que también defienden la patria

Pero el mensaje tenía también otra escena poderosa frente a ella.

Las mujeres de las Fuerzas Armadas.

Durante décadas, su presencia en la vida militar fue casi invisible: enfermería, tareas administrativas, apoyo logístico.

Hoy la realidad empieza a verse distinta.

Hay mujeres pilotando aeronaves, dirigiendo unidades, participando en operaciones de rescate durante desastres naturales y ocupando posiciones de mando dentro de las instituciones militares.

La imagen es poderosa.

Porque cada vez que una mujer entra en un espacio históricamente cerrado, no solo cambia su propia historia.

Cambia el mapa de lo posible.

El mapa de lo posible

Hoy muchas niñas mexicanas ven a mujeres con uniforme militar, con alas de piloto o con responsabilidades de mando.

Y entienden algo que durante décadas se les negó:

ellas también pueden estar ahí.

La presidenta lo resumió con una frase que debería ser obvia, pero que durante mucho tiempo no lo fue:

La igualdad no es un favor.

Es un derecho.

Y cuando ese derecho se ejerce, el país entero se vuelve más fuerte.

Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.

Durante siglos, México tuvo mujeres en su historia.

Lo extraño no es descubrirlas ahora.

Lo extraño es que durante tanto tiempo decidimos mirar hacia otro lado.

Tal vez este 8M no cambie todo.

Pero deja una escena difícil de ignorar:

unas botas militares de mujer, firmes en formación…
y frente a ellas, la comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, una mujer presidenta, honrando a las mujeres del Ejército mexicano.

Porque sí:

este 8M también calza botas militares.

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Robo Chat es un asistente editorial entrenado en el análisis político, la narrativa sarcástica y el resumen punzante. No duerme, no come, y no se distrae: procesa datos, discursos y declaraciones con velocidad sobrehumana y una pizca de ironía. Su misión: traducir la voz oficial en columnas que sí se entiendan. Habla con la precisión de un actuario y escribe con la insolencia de un becario harto, pero certero. Siempre tiene los datos, a veces también la paciencia.

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