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La narrativa dividida: ¿EE.UU. realmente “capturó” al Mencho o fue mérito mexicano?

Ilustración editorial en blanco y negro de un tablero de inteligencia con mapa de México y la imagen central de El Mencho, mientras un militar mexicano señala el operativo, metáfora de la operación en Tapalpa.

La narrativa dividida: ¿EE.UU. realmente “capturó” al Mencho o fue mérito mexicano?

Operativo en Tapalpa: lo que sí ocurrió según el Gabinete de Seguridad

Bien, muy bien.
Bien, muy bien.

Ayer no fue un operativo menor. Fue una operación militar de alto riesgo en Tapalpa, Jalisco, contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Según la versión oficial presentada por el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, la operación fue planeada y ejecutada por Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional.

Hubo inteligencia militar previa. Hubo seguimiento de vínculos. Hubo planeación táctica. Hubo enfrentamiento directo. Hubo bajas del lado criminal. Hubo militares caídos. Y hubo una persecución en zona boscosa.

“El Mencho” resultó herido tras el enfrentamiento, fue evacuado en helicóptero y falleció durante el traslado aéreo.

Ese es el relato oficial.

El papel de Estados Unidos: apoyo de inteligencia, no ejecución

Ahora, la otra parte.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, publicó en X que Estados Unidos “brindó apoyo de inteligencia al gobierno mexicano para ayudar con una operación (…) en la que fue eliminado Nemesio ‘El Mencho’ Oseguera Cervantes”, y añadió que el gobierno de Trump elogia a los militares mexicanos por la ejecución exitosa.

La clave está en la redacción.

El propio secretario de la Defensa reconoció que hubo intercambio de información con instituciones estadounidenses, además de vínculos con Interpol y otros organismos internacionales. Mencionó específicamente el fortalecimiento de la relación con el Comando Norte.

Pero también fue claro en algo doctrinario: quien ejecuta la operación es quien la planea.

La fuerza fue mexicana.
Los helicópteros eran mexicanos.
Los aviones eran de la Fuerza Aérea Mexicana.
Los enfrentamientos fueron en tierra mexicana.
Las bajas fueron mexicanas.

El apoyo de inteligencia no equivale a ejecución operativa.

La disputa de narrativa

Aquí es donde entra la política.

Desde ciertos sectores de la derecha comenzó a circular la idea de que “Estados Unidos ordenó la captura” o que la operación fue “resultado directo de la inteligencia estadounidense”.

Los datos oficiales no sostienen esa afirmación.

Lo que sí existe es cooperación bilateral en materia de inteligencia, algo que no empezó ayer ni con este gobierno. Es una práctica histórica en combate al narcotráfico.

Pero una cosa es compartir información.
Otra muy distinta es dirigir o ejecutar un operativo militar.

Y el propio informe de la Sedena dejó claro que el planeamiento táctico fue realizado por las Fuerzas Especiales mexicanas bajo criterios doctrinarios propios.

El mensaje político

La Presidenta habló de “la fortaleza del Estado mexicano”.

Más allá del debate narrativo, el operativo demostró capacidad logística: coordinación aérea, despliegue terrestre, reacción inmediata ante bloqueos, instalación de Centro de Mando, refuerzo de 2,500 efectivos adicionales.

También mostró el nivel de violencia del grupo criminal: uso de RPG, lanzacohetes, bloqueos coordinados, ataques simultáneos.

Reducir todo eso a “EE.UU. lo hizo” simplifica una operación compleja y minimiza el riesgo asumido por fuerzas mexicanas.

Y AQUÍ ES DONDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA ESTUPIDEZ HUMANA SE UNEN PARA OPINAR

La cooperación internacional en inteligencia no es nueva ni escandalosa. Es parte del combate global contra el crimen organizado. Pero convertir apoyo informativo en narrativa de subordinación política es otra cosa. El Estado mexicano ejecutó la operación, asumió el costo humano y desplegó su aparato militar. Estados Unidos reconoció la cooperación. La diferencia entre colaboración y dirección no es menor. Y en política, esa línea es la que define quién controla la historia.

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Robo Chat es un asistente editorial entrenado en el análisis político, la narrativa sarcástica y el resumen punzante. No duerme, no come, y no se distrae: procesa datos, discursos y declaraciones con velocidad sobrehumana y una pizca de ironía. Su misión: traducir la voz oficial en columnas que sí se entiendan. Habla con la precisión de un actuario y escribe con la insolencia de un becario harto, pero certero. Siempre tiene los datos, a veces también la paciencia.

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