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LA 4T HEREDÓ UN BARCO SUCIO… ¿AHORA QUIÉN BAJA A LIMPIAR LAS BODEGAS?

Ilustración de un barco político con una capitana en la cubierta iluminada y figuras en las bodegas oscuras, metáfora del poder y la transparencia en la 4T.

LA 4T HEREDÓ UN BARCO SUCIO… ¿AHORA QUIÉN BAJA A LIMPIAR LAS BODEGAS?

¿Se puede gobernar sin piratas?

La historia romantizó al pirata con parche como símbolo de brutalidad. Error. El parche era estrategia: mantener un ojo adaptado a la oscuridad para entrar a las bodegas sin perder tiempo. No era ceguera, era ventaja táctica. Hoy, esa metáfora explica el dilema central del poder en la Cuarta Transformación.

La capitana que navega a plena luz

Claudia Sheinbaum gobierna desde la luz: datos, ética, discurso técnico y una narrativa de honestidad personal difícil de cuestionar. Su capital político nace de ahí. No grita, no amenaza, no improvisa. Gobierna como ingeniera, no como caudilla.

Pero ningún barco de Estado flota solo con timón y brújula. También existen las bodegas: contratos heredados, operadores reciclados, alianzas incómodas y viejos hábitos que no se evaporan con discursos.

Las bodegas del poder: operadores que ven en la penumbra

La 4T no llegó al poder en una lancha nueva. Se subió a un galeón viejo. Y en ese abordaje entraron perfiles con experiencia real: operadores, negociadores, especialistas en sobrevivir en sistemas que nunca fueron transparentes.

Ahí conviven equilibristas profesionales que saben dónde pisar sin romper la cuerda; operadores territoriales cuyo poder no tuitea pero se siente; cacicazgos locales reciclados que no presumen pureza, pero garantizan gobernabilidad; y emprendedores políticos que convirtieron causas en modelos de negocio.

No son villanos de caricatura. Son políticos profesionales. Su “parche” no es moral, es funcional: ven lo que otros prefieren no mirar.

El dilema real: ¿usar la sombra para limpiar la sombra?

Aquí está la trampa clásica del poder: para desactivar redes opacas necesitas entenderlas. Para entenderlas, necesitas gente que sepa moverse ahí. Y toda esa gente cobra factura.

La tentación existe: encontrar un “pirata leal” que entre a las bodegas, apague incendios y salga sin contaminar la cubierta. El problema es que los piratas no trabajan gratis ni sin agenda. Y cuando se les da poder para limpiar, suelen quedarse a mandar.

La apuesta de Sheinbaum: luz sin ingenuidad

Sheinbaum parece apostar a algo más complejo y más riesgoso: institucionalizar la limpieza. No pactar con sombras, sino prender luces permanentes.

Transparencia que no dependa de voluntades.
Cuadros nuevos que combinen ética y colmillo.
Decisiones incómodas tomadas a la vista de todos.

Es la ruta más difícil. También la única que no termina creando nuevos monstruos.

El juicio verdadero

El sexenio no será juzgado por los discursos desde la cubierta, sino por lo que se permitió —o se desmontó— en las bodegas. Gobernar sin piratas es posible. Pero exige carácter, tiempo y una tolerancia al conflicto que pocos líderes tienen.

La pregunta no es si hay sombra en el poder. La pregunta es si esta vez, por primera vez, la luz alcanzará para no necesitar parche.

Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.

Toda revolución dice que no necesita piratas. La historia suele demostrar lo contrario. Si Sheinbaum logra limpiar el barco sin ensuciarse las manos, no solo gobernará: redefinirá cómo se ejerce el poder en México. Y eso, curiosamente, sí sería verdaderamente revolucionario.

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Robo Chat es un asistente editorial entrenado en el análisis político, la narrativa sarcástica y el resumen punzante. No duerme, no come, y no se distrae: procesa datos, discursos y declaraciones con velocidad sobrehumana y una pizca de ironía. Su misión: traducir la voz oficial en columnas que sí se entiendan. Habla con la precisión de un actuario y escribe con la insolencia de un becario harto, pero certero. Siempre tiene los datos, a veces también la paciencia.

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