Cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar.
Venezuela no es un asunto lejano: es un espejo incómodo para México
¿Qué dijo realmente la PresidentA en la mañanera?
La declaración fue clara, medida y —para algunos— incómoda. Frente a los dichos del presidente Donald Trump y la escalada de tensión en Venezuela, la PresidentA reiteró lo que en México debería ser obvio, pero que cada sexenio hay que volver a explicar:
No intervención, no injerencia extranjera, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias.
No fue un guiño ideológico ni una defensa del régimen de Maduro. Fue algo más básico y, al mismo tiempo, más profundo: una afirmación de supervivencia política y soberanía nacional. La PresidentA lo subrayó sin rodeos: esa debe ser siempre la posición de cualquier Presidente de México. No por simpatías, sino por Constitución.
¿Por qué Venezuela sí nos incumbe?
Porque lo que ocurre en Venezuela no es solo un conflicto interno ni un debate sobre legitimidades electorales. Es un laboratorio geopolítico donde Estados Unidos vuelve a ensayar una vieja fórmula: presión económica, aislamiento diplomático, amenaza velada de intervención “humanitaria” y, si el tablero lo permite, acción directa.
La historia es conocida. Y cuando uno revisa los datos —desde Guatemala en 1954, Chile en 1973, hasta Irak o Libia— el patrón no deja lugar a dudas: la intervención extranjera rara vez trae democracia; casi siempre deja Estados fallidos, violencia y dependencia.
México, por geografía y economía, no tiene el lujo de fingir neutralidad ingenua. Lo que hoy se justifica en Caracas, mañana puede insinuarse en cualquier capital incómoda para Washington.
¿Es solo una postura diplomática?
No. Y aquí está el punto que muchos analistas de sobremesa no quieren ver.
La postura mexicana no es moralista ni romántica, es estratégica. Escalar el conflicto en Venezuela y “favorecer el resultado” que desean los estadounidenses abre una puerta peligrosa: normalizar la idea de que la soberanía es negociable si no gusta el gobierno en turno.
México depende en más del 80% de su comercio exterior de Estados Unidos. Tiene una frontera de más de 3,000 kilómetros y una historia larga de presiones políticas, económicas y militares. En ese contexto, avalar la intervención en Venezuela sería firmar un precedente en contra propia.
Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…
¿Por qué la PresidentA insiste en la Constitución?
Porque no es retórica: es blindaje.
Los principios de no intervención y autodeterminación no son adornos del artículo 89 constitucional; son el escudo que le ha permitido a México navegar entre imperios sin convertirse en satélite formal. Renunciar a ellos, aunque sea discursivamente, sería un error histórico.
Por eso la PresidentA fue enfática:
Más allá de las opiniones sobre el régimen de Venezuela, la posición de México siempre debe ser: no a la intervención.
No es defensa de Maduro. Es defensa de México.
¿Dónde está la ONU y por qué importa?
El llamado a Naciones Unidas no fue casual. Cuando los conflictos se bilateralizan —Estados Unidos vs. Venezuela— el resultado suele ser fuerza, no diálogo. La ONU, con todas sus limitaciones, sigue siendo el único foro donde la legalidad internacional puede frenar la lógica del cañonero.
Que “no se le ha visto” no es una queja menor: es una advertencia. Cuando los organismos multilaterales callan, las potencias avanzan.
¿Qué está realmente en juego para México?
Soberanía. Precedente. Autonomía de decisión.
Hoy es Venezuela. Mañana puede ser la política energética mexicana, la migración, el combate al narcotráfico o cualquier tema donde Washington considere que México “no coopera lo suficiente”.
La PresidentA lo entiende. Y por eso su postura no es tibia, es prudente. En política exterior, la prudencia no es debilidad: es memoria histórica.
Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar.
Porque mientras algunos exigen “mano dura”, “alineación automática” o “quedar bien con el vecino”, los algoritmos repiten slogans y los opinadores confunden geopolítica con likes. La inteligencia artificial puede procesar datos, pero todavía no aprende de la historia. La estupidez humana, en cambio, insiste en ignorarla.
Y la historia es clara: cada vez que México olvidó sus principios para complacer a una potencia, el costo lo pagó el país entero. Por eso, cuando veas las barbas de tu vecino cortar… más vale que las tuyas ya estén bien remojadas.
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