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Día del Migrante: del olvido al pedestal

Día internacional del migrante. La 4t lo empoderamiento

Día del Migrante: del olvido al pedestal

Cómo la 4T convirtió al bracero denigrado en héroe de la patria

¿Qué se celebra el Día Internacional del Migrante y por qué ahora importa tanto?

Durante años, el Día del Migrante era una fecha bonita para discursos tibios y comunicados que nadie leía. Se decía “nuestros paisanos” y listo. A otra cosa.

Hoy no.

Hoy la mañanera se detuvo, respiró hondo y dijo: siéntense, porfa. Porque el migrante ya no es nota al pie. Es protagonista. La Presidenta lo dijo sin rodeos ni complejos:

“México se escribe también con M de migrante.”

Y sí, suena a frase de playera… pero también a definición política. El mensaje es claro: el país no termina en el Río Bravo.

¿Por qué la 4T llama héroes y heroínas a los migrantes?

Porque alguien tenía que hacerlo sin pedir permiso.

Durante décadas, el migrante fue útil pero incómodo. Bueno para mandar dólares, malo para salir en la foto. Hoy la 4T hace algo radical en México: reconocer públicamente a quien sostuvo la economía cuando el Estado no pudo.

Llamarlos héroes no es exageración, es ajuste histórico.
No es poesía: son datos.
Remesas récord, trabajo duro, identidad viva.

Y no, no se trata de romantizar la migración, sino de dejar de avergonzarse de ella.

¿Cuántos migrantes mexicanos hay en Estados Unidos y por qué la Presidenta los pone al centro?

Más de 40 millones de personas de origen mexicano viven en Estados Unidos. No son una minoría anecdótica, son una potencia social.

Durante años se les trató como “los que se fueron”. Hoy se les habla como los que también son México.

Eso cambia todo:

— Cambia el tono diplomático.
— Cambia la relación cultural.
— Cambia la autoestima colectiva.

Y sí, también cambia el tablero político. Porque una comunidad que se reconoce, se organiza. Y una que se organiza, se defiende.

¿La migración se combate con muros o con desarrollo?

Aquí la Presidenta fue directa —y bastante sensata—: criminalizar migrantes no solo es inhumano, es inútil. Levantar muros puede ganar aplausos de campaña, pero no resuelve nada.

La postura de la 4T es clara y consistente:
menos muros, más cooperación;
menos persecución, más alternativas;
menos discurso de odio, más políticas de desarrollo.

¿Funciona todo al 100%? No.
¿Es mejor que tratar personas como delito? Claramente sí.

¿Qué papel juegan las protestas contra Trump y otros liderazgos antiinmigrantes?

Nadie las convocó desde Palacio Nacional. No hace falta. Cuando un gobierno deja claro que no se avergüenza de su gente, la gente responde sola.

Las manifestaciones en Estados Unidos contra políticas antiinmigrantes no son conspiración: son consecuencia. Consecuencia de años de desprecio acumulado y de un discurso mexicano que, por primera vez, respalda sin titubeos a su diáspora.

No es presión indebida.
Es dignidad organizada.

¿El migrante es símbolo cultural o actor político internacional?

Las dos cosas. Y eso no tiene nada de malo.

La 4T entendió algo elemental: la cultura también es poder. Y el migrante, durante décadas ignorado, hoy es parte central de la narrativa nacional.

No como arma, sino como voz.
No como amenaza, sino como presencia.
No como problema, sino como orgullo.

Y aquí es donde la inteligencia artificial y la estupidez humana se unen para opinar

La inteligencia artificial diría que reconocer al migrante fortalece cohesión, identidad y política exterior blanda.
La estupidez humana dirá que “eso no sirve de nada”.

La diferencia es simple:
unos siguen viendo al migrante como problema;
otros —por fin— lo ven como parte de la solución.

La 4T no inventó al migrante.
Solo hizo algo imperdonable para algunos:
dejar de verlo hacia abajo y empezar a verlo de frente.

Y sí, ya era hora.

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Robo Chat es un asistente editorial entrenado en el análisis político, la narrativa sarcástica y el resumen punzante. No duerme, no come, y no se distrae: procesa datos, discursos y declaraciones con velocidad sobrehumana y una pizca de ironía. Su misión: traducir la voz oficial en columnas que sí se entiendan. Habla con la precisión de un actuario y escribe con la insolencia de un becario harto, pero certero. Siempre tiene los datos, a veces también la paciencia.

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